Los juncos se movían

Los juncos se movían.

Las ramas de los álamos.

La hojarasca.

Agua  en el estanque.

Coníferas.

Y más acá
la sangre de los hombres
se mecía también,
poseída
por tanto movimiento.

Y más, y aun más acá,
en el centro del alma.

Tiemblan las palabras,
al golpear los labios,
nombran, sin más a
los juncos y el arroyo,
el rumor de los pinos,
la sangre, la hojarasca.

Miguel Florián

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