este no es solamente otro cuento de “hadas”… (Capítulo I)

Diario de una bailarina

 

Capítulo I

En una ciudad de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía una joven y entusiasta bailarina. El baile había estado presente en su vida desde que tenía uso de razón, llevaba el ritmo en las venas y esa era su forma de expresión más genuina, donde podía ser ella misma, donde su alma podía liberarse y danzar al compás de la música creando realidades a las que solo ella podía acceder; quien la veía bailar quedaba prendado de aquellos movimientos gráciles pero sobre todo de la emotividad con la que ella lo hacía.

Cierto día, llegó a casa después de un arduo entrenamiento; exhausta por el ejercicio, decidió recostarse en el sillón de la sala de su casa, para reposar un poco, así que cerró los ojos un momento y… de repente sintió que una brisa fresca acariciaba suavemente su rostro, el aroma salado del mar inundaba su nariz y el vaivén de las olas era música para sus oídos. Después de esa explosión sensorial, fue abriendo los ojos lentamente y al mismo tiempo se iba dando cuenta de que había llegado a un lugar de ensueño. Era una isla desierta (o al menos eso parecía), perdida en la inmensidad del océano; las aguas eran cristalinas, de un azul turquesa casi transparente, la arena en sus pies era suave como el talco y el clima cálido y abrazador. Se quedó perpleja al admirar el hermoso paisaje que tenía frente a ella. Comenzó a caminar llenando sus pupilas con cada detalle que veía hasta que llegó a ver lo que parecía una aldea de los pobladores de aquel lugar y en ese instante hizo un alto.

Curiosa por lo que podría llegar a encontrar, observó a cierta distancia a la gente nativa de la Isla que realizaba sus actividades cotidianas de una manera tan organizada que era casi imperceptible… los niños corriendo por todo el lugar y jugando entre ellos, las mujeres realizando las tareas que tenían asignadas y los hombres labrando la tierra; a lo lejos se observaban otros más pescando. Parecían todos tan pacíficos y tan alegres en sus quehaceres que instintivamente ella comenzó a caminar hacia ese lugar; temerosa pero a la vez decidida, quería entablar conversación con alguno de ellos y así poder saber donde se encontraba. Mientras más avanzaba hacia ese punto, un sentimiento de paz y bienestar se iba apoderando de ella y al seguir caminando, no podía evitar quedarse asombrada por lo que sus ojos estaban descubriendo… su emoción crecía más y más; ella se acercaba lentamente hacia el lugar donde se encontraban conviviendo esas personas, como queriendo descifrar si se encontraba dentro de un sueño o estaba viviendo aquella realidad en carne propia. No quería interrumpir aquella rutina de vida aparentemente perfecta pero instintivamente y de forma inevitable una sonrisa, cada vez más grande, iba apareciendo en su rostro… el ambiente era contagioso, la gente irradiaba alegría y felicidad, así que ella no pudo evitar sentirse igual que los demás y fue así que comenzó a acercarse cada vez más hacia aquel lugar lleno de gente.

Si te gustó este artículo, puedes checar la continuación de la historia en: este no es solamente otro cuento de “hadas”… (Capítulo II) también en samzaradanza.

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