Rumbo a Wirikuta

En la Sierra Madre Occidental, en México, se encuentra un pueblo enigmático rodeado de venados, plantas, astros y ojos de Dios, así podemos conocer un poco del mundo huichol o Wixárika que es como ellos se denominan.

Esta comunidad es una de las más antiguas y resiste porque ha sido capaz de adaptarse y de transformar los elementos que le fueron impuestos por la colonización, el mestizaje y la modernidad.

Una de las atracciones más bellas de los huicholes es el lenguaje que emplean para mostrar su cosmovisión, pues a través de colores, hilos y chaquiras nos permiten acercarnos y conocer un poco de sus tradiciones

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El venado tiene un papel único en la vida religiosa de los huicholes, pues es el encargado de enseñar, guiar y equilibrar, ya que por medio de rituales y peticiones, el venado azul y el híkuri proveerán al pueblo Wixárika. Es así como cada año marakame y hikuritamete parten hacia el desiero de Wirikuta, la tierra del peyote, en San Luis Potosí para recolectar a sus antepasados.

El marakame es el responsable del bienestar de la comunidad y debe soportar hambre, frío, sed y días sin dormir; mientras que los hikuritamete son hombres y mujeres con la misión de cuidar una jícara y una flecha que simbolizan una deidad. Para llevar a cabo esta peregrinación, ellos deben purificarse sometiéndose a prácticas de austeridad, ayuno, abstención de relaciones sexuales, sueño y confesiones.

Con un atuendo especial suben al cerro del Amanecer en la Sierra de Real de Catorce, allí llevan a cabo una ceremonia en donde los peyoteros confiesan todas sus aventuras sexuales, las cuales darán lugar a nudos hechos en una cuerda que posteriormente será arrojada al fuego. El marakame al reconocer al mítico animal, es decir el venado azul, lanza cuatro flechas al rededor del peyote haciendo referencia a las cuatro direcciones del mundo, entonces el peyote es repartido para masticarlo después de las oraciones. Si el marakame es incapaz de reconocer al venado entonces tendrán que regresar con las manos vacías.

La peregrinación culmina en la Sierra de Catorce donde hay agradecimiento a los dioses por dejarse ver y así regresar al campamento para realizar otra ceremonia y consumir peyote toda la noche.

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A continuación una leyenda huichol.

Cuentan los ancianos, que hace mucho, mucho tiempo en la sierra huichol se reunieron los abuelos para platicar de la situación en la que se encontraban. Su gente estaba enferma, no había alimentos, ni agua, las lluvias no llegaban y las tierras estaban secas. Decidieron mandar de cacería a cuatro jóvenes de la comunidad, con la misión de encontrar alimento y traerlo a su comunidad para compartir fuera mucho o poco. Cada uno representaba un elemento, es decir el fuego, el agua, el aire y la tierra. A la mañana siguiente emprendieron el viaje los cuatro jóvenes, cada uno llevando su arco y su flecha. Caminaron días enteros hasta que una tarde de unos matorrales saltó un venado grande y gordo. Los jóvenes estaban cansados y hambrientos, pero cuando vieron el venado se les olvidó todo; comenzaron a correr detrás de él sin perderlo de vista. El venado veía a los jóvenes y se compadeció. Los dejó descansar una noche y al día siguiente los levantó para seguir con la persecución. Así transcurrieron semanas hasta que llegaron a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí y camino sagrado de los huicholes). Estaban justo en la puerta al lado del cerro de las Narices, en donde habita un espíritu de la tierra y vieron al venado que brincó en esa dirección. Ellos juraban que se había ido por ahí, lo buscaron pero no lo hallaron. De pronto uno lanzó una flecha que fue a caer en una gran figura de venado formada en la tierra de plantas de peyote. Todas juntas brillaban con el sol, como esmeraldas mirando a una dirección. Confundidos los jóvenes con lo sucedido, decidieron cortar las plantas que formaban la figura del venado (marratutuyari) y llevarlas a su pueblo. Después de días de camino llegaron a la sierra huichol donde los esperaba su gente.

Se presentaron de inmediato con los abuelos y contaron su experiencia. Comenzaron a repartir el peyote (híkuri) a todas las personas que después de un rato los curó, alimentó y les quitó la sed. Desde ese momento los huicholes veneran al peyote que al mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así cada año, hasta nuestros tiempos, siguen andando y peregrinando, manteniendo viva esta ruta de la sierra huichol hasta Wirikuta, para pedirle al Dios lluvias, sustento y salud para su pueblo.

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