Las capas de cebolla

Danza-butoh-japonesa

ADVERTENCIA:

Estos escritos/pensamientos/preguntas son ideas que me surgen cada que salgo de mis clases de Danza Butoh, las cuales me dejan reflexionando por un buen rato; esto solo es una recopilación de lo que leo tiempo después, con el único fin de compartir mis inquietudes con más personas. Son solo experiencias que he tenido a lo largo de este trayecto y que día a día me siguen a donde voy.

Cuando llegas a cualquier lugar a conocer algo o alguien ¿qué es lo primero que haces? te presentas con palabras, claro, porque ese es el lenguaje que podemos descifrar, de cierto modo, a primera instancia; pero existe un lenguaje que puede decir de nosotros mucho más que las palabras que pueden hacer poesía y ese es el corporal. ¿Cómo lo descubrí? lanzando botellas (llenas de agua), observando cómo es que cada persona las atrapaba.

En realidad creo que no puedo describir con palabras a cada persona sino con su movimiento. Así puedes crear vínculos de energía con las personas y fluir como el agua de las botellas fluía al pasar de mano en mano, en un círculo de movimiento.

Alguien mencionó que le gusta esta danza por diferentes razones, pero me llamó la atención solo una. Dijo que le gustaba porque cree que es como romper ideas sobre cómo debe moverse un cuerpo, lo cual hace de esta danza, una danza libre (y emocional). A esta idea, yo le sumo algo que desde mi lado de amor a las Artes Plásticas pude notar, además de romper con la idea de cómo es que se mueve un cuerpo (que ya desde ahí trae ideas de artes plásticas como el dinamismo), rompe con uno de los grandes misterios del arte: LA ESTÉTICA. ¿Cómo no me había dado cuenta de lo ligadas que están estas dos expresiones artísticas?

Por lo tanto, no me he es posible comprender ¿por qué la gente en México (y en cualquier país) piensa que puede hacer butoh cuando imita el butoh de Japón?

En clase se mencionó que para poder hacer que la emoción se vea, hay que sentirla. ¿Cómo podemos llegar a esta emoción interna, pura, sin moralidad, sin pudor? Lo he pensado bastante y pienso, que quizá en este momento, somos como cebollas que están intentando quitarse las capas, una por una, hasta llegar a la deseada, que puede no ser el centro/núcleo.

¿Y dónde está ese núcleo? ¿a qué lugar llevan las capas de cebolla que me quito (o trato de quitar)?

Quizá no a un  “qué” sino a un “quién”.

Muy kantiano, no ? Me recuerda a ese capítulo de El tambor de hojalata  de Gunter Grass.

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